El masculino genérico: norma o sentido común

¿Pensáis que la forma en la que usamos la lengua demuestra también cómo concebimos la sociedad? No sé a vosotros, pero a mí siempre me ha preocupado que las elecciones inconscientes que terminan formando la parte visible, palpable y reproducible de un mensaje sean interpretadas por los interlocutores con matices invisibles, implícitos sin querer, pero al fin y al cabo existentes. Me pasaba, por ejemplo, con el masculino genérico. ¿Cómo debía usarlo?, ¿su uso normativo no es androcentrista? Pero, ¿que yo lo considere androcentrista es justificable para poder dar patadas a la norma?, ¿qué debía hacer?

Bueno, antes de tomar una posición segura, me pareció interesante investigar un poco:

En primer lugar, por supuesto, se hacía necesario recurrir a la RAE, la cual designa el masculino genérico como «miembro de una oposición binaria que puede marcarlo en su conjunto, lo que hace innecesario nombrar al término marcado» (RAE 2010, 85).

El problema surge, sin embargo, cuando el masculino usado como genérico no se entiende como referente a ambos sexos o a una información genérica irrelevante en el proceso de descodificación lingüística, encontrándonos entonces con un masculino con un claro valor androcéntrico, pues oculta a la mujer en su significado. Tomemos, por ejemplo, las oraciones siguientes:

(1)   Los bomberos vinieron a la ceremonia

(2)   Los albañiles hicieron la piscina del jardín

Son oraciones aisladas de contexto, es cierto, pero dudo que incluso dentro de un contexto específico los hablantes le diésemos el valor de genéricos a estos masculinos plurales. No es que no haya albañilas y bomberas en este mundo, lo que ocurre es que ha sido una actividad que durante mucho tiempo se ha reservado exclusivamente a los hombres. Esto hace que cuando se recurre a alguno de los (en teoría) masculinos genéricos anteriores para nombrar a un conjunto de hombres y mujeres, estos solo son interpretados como masculinos plurales. Es decir, el problema reside en que cuanto más estereotípicamente masculina sea la actividad descrita por el genérico, más difícil resulta decodificarlos como relativo a ambos sexos (Márquez 2013).

Existe una teoría de Márquez (2013), para mí muy acertada, que puede explicar todo lo anterior. Para esta autora no es que el masculino genérico no sirviese como mecanismo de inclusión de ambos sexos, sino que a lo largo de la historia se ha venido interpretando el masculino específico, designador de un conjunto de miembros del sexo masculino, como si fuese un masculino no marcado. Nos pone el ejemplo de La declaración de derechos del hombre y del ciudadano resultado de la Revolución francesa de 1789. En este caso el masculino debería ser considerado genérico aunque se hable específicamente de ciudadanos varones.

A pesar de que todos los ejemplos aquí expuestos son extremos, no son por ellos imposibles. Sí nos sirven, sin embargo, para ejemplificar la problemática a la que se encuentra nuestra lengua. Existen muchos casos en los que una enunciación donde se incluya un masculino genérico, este sea interpretado, inconscientemente claro, como específico. ¿Por qué entonces no puedo usar otras alternativas que hagan mi mensaje más claro, más justo, más incluyente?

Fácil respuesta pero de difícil aplicación, porque mientras para muchos en el término miembros esté implícito el significado hombres y mujeres, otros muchos deberán recurrir al desdoblamiento miembros y miembros para dejarlo claro.

Sinceramente considero que cada cual es libre de usar la forma con la que mejor se identifique, ya sea el masculino genérico o alguna alternativa a este, siempre y cuando no contravenga principios que impidan el correcto entendimiento del mensaje. La norma es necesaria, pero no debe suponer una barrera que oculte a la mitad de la población.

m.c.p.a.

Bibliografía

Márquez Guerrero, María. Género gramatical y discurso sexista. Madrid: Síntesis, D.L., 2013.

RAE. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Nueva gramática de la lengua española. Morfología y sintaxis I. Madrid: Espasa Libros, 2010.

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