Libros para releer

Tengo una teoría: si cuando terminas un libro no tienes ningún inconveniente en volver al principio y empezar de nuevo, ese libro habrá merecido la pena. No tiene que ser una obra de literatura universal, sino piezas que conecten con el lector, que lo atrapen y dejen huella. Lo más bonito de todo es que cuando se toma ese libro por segunda, tercera, cuarta vez, aunque las palabras sean exactamente iguales, los personajes no hayan cambiado ni un ápice y la trama permanezca invariable, el lector lo sentirá diferente. Los olores de la nostalgia se mezclarán con las vivencias de ese momento y la forma de entender el libro, su mensaje, probablemente será diferente a la vez anterior.

Aunque considero la lectura una de mis aficiones, no le dedico el tiempo que me gustaría. No sé si te pasa que a veces resulta difícil encontrar el momento, porque claro, hay tantas cosas que hacer, tantos proyectos en los que pensar, tanto trabajo que terminar… que nos perdemos lo mejor. En otras ocasiones, simplemente no me apetece seguir con el libro que tengo entre manos, porque en ese momento quizás no era la lectura más adecuada, entonces, mejor cerrarlo, dejarlo para más tarde y tomar otro. Con el tiempo me hago más selectiva, quiero decir, no leo lo primero que llega a mis manos, suelo pensar qué me apetece antes de decidirme por la nueva lectura.

El otro día hablando con una amiga caímos en la cuenta de que la mayoría de los libros que nos parecían dignos de ser leídos nos lo habían recomendados otras personas, por eso pensé en hacer esta entrada, para compartir parte de los míos y conocer algunos de los tuyos.

Aquí encontráis parte de mi lista. El orden no indica preferencia, me gustan todos muchísimo.

  •      La ladrona de libros de Markus Zusak. No me lo recomendaron. Estaba mirando libros en una librería y me llamó la atención. Empecé a leer y enseguida me atrapó. La traductora es magnífica y la técnica narrativa utilizada consigue penetrar realmente en el lector. Enmarcada en la II Guerra Mundial, ofrece al lector ese componente humano, sentimental, empático que no aparece en los libros de historia. Ayuda a tomar conciencia de lo que una guerra puede significar para la persona que se ve envuelta en ella, muestra cómo el instinto de supervivencia puede con los principios morales y ayuda a entender el por qué que tantas veces surge cuando olvidamos que la historia la hacen seres humanos y no los datos numéricos “objetivos” e impersonales.
  • Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Obra universal de indiscutible valor. Atrapa desde el primer párrafo de la primera página, aunque sin duda son sus últimas páginas las que dejan sin aliento. Las palabras se enlazan unas con otras de manera que es casi imposible parar de leer. Creo de verdad que es un libro para disfrutar, la lectura por la lectura.
  • 1984 de George Orwell. Novela de ficción distópica que, sin embargo, tiene alarmantemente muchas conexiones con la realidad. La manipulación a través del lenguaje es uno de los temas que me parecieron más interesantes en el libro, aunque el control ciudadano, la ausencia de intimidad, la falta de pensamiento crítico inducida y el falseamiento histórico también son otros de los puntos que se pueden encontrar en el libro y que a modo de predicción certera parece descubrir el futuro de la sociedad occidental del siglo XXI.
  • Las metamorfosis de Ovidio. Lo leímos en la Universidad y desde entonces me lo llevo a todos lados. Al estar formado por innumerables mitos, se puede elegir únicamente uno de ellos para leer, teniendo en muchos casos la estructura narrativa completa. Esto es lo mejor, porque podemos pasar las partes que menos nos interesan y simplemente disfrutar diez minutillos de una historia cortita. Encontramos en ellas muchas respuestas a expresiones artísticas y cotidianas de nuestro tiempo.
  •  El diario de Ana Frank marcó mi infancia, sin duda. Hace un tiempo lo volví a leer y me di cuenta de cuánto había cambiado mi perspectiva. Al igual que en La ladrona de libros, lo interesante de este libro es la capacidad de mostrar dos realidades paralelas. Los datos puramente históricos se mezclan con el transcurso de los días en el escondite en el que se encuentra Ana. Los números se convierten en historias, historias que hacen pensar en los límites del ser humano.

¿Te animas a compartir los tuyos?

¡Feliz semana!

m.c.p.a

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