Placeres olvidados: escribir cartas con papel y tinta

Vivimos en una sociedad invadida por las nuevas tecnologías: herramientas que nos ayudan en nuestro trabajo, nos facilitan la vida, nos permiten estar un poco más cerca de los que están lejos y otro sinfín de cosas positivas… pero al mismo tiempo, al menos yo, siento que coartan nuestra libertad, nos volvemos dependientes y nos alinean. Si queréis llamadme antigua.

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En mi etapa como auxiliar de conversación en Francia he podido comprobar que la enseñanza se ve cada día más invadida por ellas, y el aula no queda inmune. Cada generación se vuelve más adicta al uso del móvil, las redes sociales, y cómo no, esto queda reflejado en su forma de escribir. Realizan su entrada triunfal las abreviaturas y las faltas de ortografía…

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La caligrafía, de por sí, ya dice mucho de nosotros y resulta agradable, como profe, ver cómo escriben los alumnos (a veces parece que estás leyendo una obra de arte; otras, te reprochas mil veces por qué no pediste la tarea escrita a ordenador, ni los mejores paleógrafos sabrán descifrar el contenido del texto…).

Como traductora-humanista, inevitablemente siento pasión por las letras. Una forma de transmitir esta pasión en las aulas francesas y rescatar la palabra escrita ha sido organizar un intercambio de cartas entre el instituto francés en el que trabajo y mi antiguo instituto español.

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Desde el principio, tanto los alumnos franceses como los españoles se mostraron muy ilusionados. Desde España llegaron las primeras cartas escritas en francés y sin destinatario, y una vez aquí, cada alumno cogió una carta al azar et voilà, ¡la relación hispanofrancesa estaba lista!

Todos pusieron gran atención a la hora de redactar, de decorar las cartas y de escoger el contenido (¡nadie quería cometer faltas de ortografía!). Sabían que sus intercambios iban a juzgarlos por su forma de escribir, puesto que es la única pista de la que disponen para intentar averiguar cómo puede ser ese desconocido extranjero que te escribe.

En este intercambio participaron clases de seconde (4º de E.S.O.), première (1º de bachillerato) y terminale (2º de bachillerato), todas muy involucradas. El hecho de poder decir que tienen un amigo en otro país les encanta. Resulta divertido ver cómo un alumno francés se asombra al ver que hay una chica española que se llama Mercedes (¡como un coche! dice asombrado) o cuando preguntan cómo despedirse (¿qué diferencias hay entre bises y bisous?).

Por el momento, el intercambio de correspondencia parece que continúa bien, aunque ya ha pasado a ser trabajo autónomo de los alumnos. Me temo que terminarán hablando a través de redes sociales, pero mientras sigan practicando sus respectivas lenguas extranjeras, me quedaré con la parte positiva de las nuevas tecnologías.

Con esta actividad pretendemos crear lazos internacionales y motivar a los alumnos a seguir aprendiendo un idioma extranjero. Les permite ver que lo que aprenden tiene un enfoque práctico, así como compartir y conocer una nueva cultura. Y con esta actividad, además de conseguir recuperar el interés de los estudiantes por el cuidado a la hora de escribir, rescatamos también una herramienta de comunicación casi olvidada: la carta. Si queréis hacerme feliz, enviadme cartas escritas a mano 🙂

Heras

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