Trabajos inesperados

Dicen que “los planes inesperados son los mejores” y estoy de acuerdo. En esta entrada extrapolo esta afirmación a un trabajo inesperado que realicé hace un par de meses para un estudio de televisión parisino. Con esto no quiero decir que todos los trabajos inesperados sean una sorpresa agradable (todos sabemos que, especialmente en el mundo de la traducción y la interpretación, algunos clientes se caracterizan por llegar deprisa y corriendo, lo cual no es precisamente un regalo caído del cielo…).

caido-cielo

Como quizás algunos sabréis, este año estoy trabajando como auxiliar de conversación en Francia y bueno, el único trabajo que he realizado aquí más allá de las clases en el lycée ha sido el de dar clases particulares. Pero un día recibí una llamada de un colega del instituto donde trabajo en la que me proponía una oferta (esta ha sido la primera y única vez, por el momento, en el que mi tarjeta de visita ha servido para algo).

Y hablando de tarjetas de visita, siempre recordaré la ponencia de la gran intérprete Lara Cortés Fernández impartida en la Universidad Pablo de Olavide, en la que nos advirtió de la importancia de este recurso, porque podía darse el caso de hacer contactos, incluso, en un botellón. Más allá de la anécdota, es cierto que nunca sabremos dónde podremos encontrar a alguien interesante y al que podamos interesarle en el mundo laboral, así que, planteaos tener las vuestras si aún no las tenéis.

Tras este pequeño inciso continúo hablando de la oferta de trabajo. Se  trataba de un estudio de televisión francés que se estaba planteando la adaptación de un libro español para el cual aún no había traducción a una serie televisiva. Mi tarea no era la traducción del libro (el lanzamiento del libro traducido se aproximaba y  traducirlo habría sido imposible) así que no me contrataban como traductora, sino como una traductora-humanista (por qué no llamarlo así). Normalmente se degrada, al menos de forma generalizada en la sociedad española, el perfil humanista, pero en este caso, mi formación en humanidades primaba sobre la traductora.

Mi papel consistía en leer el libro, entenderlo, hacer un análisis del mismo, de los personajes, de la trama, analizar el ritmo, la acción, los lugares, etc.. y volcar todas las ideas en un estudio-análisis que la empresa leería para ver si se adaptaría o no el libro a formato serie. Como buena traductora humanista, la lectura es uno de mis hobbies, por lo que este trabajo me pareció precioso.

book

El trabajo también me pareció una responsabilidad, ya que el estudio confiaba en mi análisis de la novela y lo tomaría como la traducción del libro para ver si decidían realizar la adaptación o no. Era obvio que tenía que hacer un buen trabajo.

En el plazo de 3 semanas (sí, los plazos nos perseguirán allá donde vayamos), entregué mi análisis de la novela española. La verdad es que me hacía ilusión poder ver plasmada en la tele la serie sobre la que había trabajado, pero, por suerte o por desgracia, el estudio decidió que la historia y trama eran demasiado oscuras para la sociedad francesa.

A pesar de esta pequeña desilusión, mi trabajo ya estaba hecho y la empresa quedó bastante satisfecha con el mismo. Así que llegó el momento de despedirme profesionalmente. Averiguad cómo lo hice: entregándoles mi tarjeta de visita. Quién sabe, quizás alguna otra vez me necesiten o puedan pasar mi contacto a otro cliente.

business

– Heras

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