Sobre los prejuicios lingüísticos

Estaba el otro día en casa reordenando un poco las estanterías cuando se me vino a la vista un libro del cual guardaba un vago recuerdo del primer año de universidad: Los prejuicios lingüísticos de Jesús Tusón. Era el primer libro de carácter científico que leía y recuerdo que al terminarlo pensé en que cuando llegara el verano volvería a echarle un vistazo para prestar un poco más de atención a ciertos puntos, que supongo me parecieron interesantes en su momento. Sin embargo pasó el verano, empezó segundo y mi intención se quedó ahí, acumulando polvo, estancada.

Casualidad o no, me acordé de lo que hace ya algún tiempo me había propuesto y lo releí de nuevo. Me sorprendió, positivamente claro, las reflexiones que realiza al autor con respecto a los juicios de valor que se emiten sobre una determinada lengua, sus variedades o los hablantes de estas. Me llamaron la atención especialmente algunas ideas, las cuales expondré a continuación.

  • Todas las lenguas son iguales y una clasificación de estas solo puede responder a los juicios de valor que un hablante, desde la parcialidad de su propia realidad, realiza de ellas. Como bien explica el autor no hay por lo tanto lenguas más fáciles y difíciles o más suaves y ásperas. Todas responden a las necesidades comunicativas de sus hablantes, por lo que desarrollarán un contenido léxico concreto que, muy al contrario de lo que se pueda llegar a pensar, no determina su pobreza o riqueza frente a otras. No obstante y a pesar de este estatus de igualdad, encontramos que en el mundo, debido a  motivos varios, hay lenguas a las que se les da más importancia que a otras, lo cual tiene una horrible consecuencia, que será aclarada a continuación.
  • La riqueza lingüística del planeta en (peligro de) extinción. No pocas son las páginas que el autor dedica a hablar sobre un hecho que por desgracia afecta a nuestro mundo y que, sin embargo, parece no (querer) tener solución. Las lenguas desaparecen, y con ellas, la cultura, la tradición y la memoria de pueblos enteros. Y habrá quien argumentará que (y esto me recuerda un poco a los detractores de la existencia del cambio climático) es ley de vida, que el ser humano no tiene la culpa y por lo tanto tampoco la obligación de hacer algo al respecto. ¿Pero hasta qué punto somos responsables de tal catástrofe? Esto irremediablemente me lleva a tratar el tercer punto de esta entrada.
  • “Una bandera es una bandera; una lengua no” (Tusón 2010: 49). Tristemente existen lenguas (como en la que se está escribiendo esta entrada) que además de servir para permitir la comunicación entre hablantes, se utilizan como elemento de poder, de delimitación político-territorial, de exaltación de una soberanía que no hace más que limitar o anular la identidad de otros muchos hablantes. El problema aparece cuando un estado X, consciente de la existencia de la variedad de lenguas en su territorio, hace oídos sordos a esta pluralidad y hasta llega, en algunos casos, a prohibir el uso de lenguas no oficiales a sus hablantes. Respondiendo por tanto al punto anterior, pienso que somos responsables de la exterminación de determinadas lenguas si como hablantes despreciamos la existencia de una pluralidad y promovemos el uso concreto de una sola como herramienta óptima para la comunicación.                               ¿Es España un ejemplo de ello? Pese a vivir en democracia y aceptar la realidad de la pluralidad lingüística de los diversos territorios que forman el espacio sociopolítico español, considero que realmente no se promueve el respeto a esta diversidad lingüística. ¿Cuántas veces y por qué motivos ha escuchado un andaluz hablar en euskera?, ¿qué tipo de propaganda realizan los medios de comunicación de estas lenguas?, ¿qué educación reciben los más pequeños en el colegio con respecto a ellas?
  • La mala educación. Hemos sido maleducados para aceptar como inamovibles puntos de vista bastante discutibles. Y este libro, si algo consigue, es ponerlo de manifiesto. En un sistema en el que nos educan para autoconsiderarnos los mejores, no es difícil estereotipar lo ajeno, lo raro y lo diferente como negativo. En una tradición en la que la lengua ha sido valorada según su riqueza literaria, su poder de expansión y su supuesta aptitud para diferentes campos del saber es fácil imaginar el rechazo a todas aquellas que no sigan la pauta de lo conocido.

Si en algo me ha hecho pensar este libro es en la necesidad de promover el respeto por la diversidad de lenguas, dialectos y variedades. La lucha por evitar la extinción de las diferentes lenguas del planeta no responde al capricho de lingüistas obstinados, sino al derecho de grupos de individuos a no perder su identidad, su cultura y su historia, lo cual considero motivo suficiente para intentar contribuir a un cambio de mentalidad en un tema que considero de gran importancia.

¿Qué pensáis?

¡Feliz semana!

m.c.p.a

Entrada basada en: Tusón, Jesús (2010). Los prejuicios lingüísticos. Barcelona: Ediciones OCTAEDRO.

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2 respuestas a “Sobre los prejuicios lingüísticos

  1. El tema de las lenguas en peligro de extinción me llamó mucho la atención cuando estudiaba en la Universidad y, de vez en cuando, vuelvo a encontrar algún artículo o noticia al respecto. Parece que en plena globalización, hablar una lengua minoritaria está prohibido… Sin embargo, una lengua no es solo una forma de comunicación, también es cultura, tradición, historia, que se perderán cuando la lengua muera. Sobre este tema podría hablar mucho, porque me parece fascinante y a la vez inquietante el desprecio que hay de idiomas o dialectos, y como, por imposición, necesidad u obligación, las lenguas mayoritarias ganan hablantes, mientras que las minoritarias los pierden, por qué hablar un idioma está tantas veces relacionado con dejar de hablar otro? Un tema muy interesante. Saludos.

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  2. Completamente de acuerdo. Y creo que es necesario dar a conocer y concienciar sobre este problema, porque considero que en muchas ocasiones no se trata de falta de interés, sino de desconocimiento de causa. Muchísimas gracias por tu comentario y me alegra muchísimo saber que a pesar de todo, no está todo perdido. Un saludo

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