¿Complementos o fundamentos?

Si algo tenemos claro es que el saber no ocupa lugar y que, cuanto mayor sea nuestro bagaje cultural, más fácil podremos llevar a cabo nuestra labor como traductores, intérpretes o humanistas. Por esta misma razón, y por lo menos dada mi experiencia personal, no puedo sino comparar la importancia y relación entre traducción y cultura, disciplinas de las que en mayor o menor medida nos hemos ido nutriendo estos últimos cinco años.

La traducción como tal ha sido la puerta que nos condujo hacia el mundo humanista en un primer acercamiento con el latín y el griego en épocas de bachillerato. Abordar con dieciséis años textos de tal antigüedad es una tarea delicadísima y que casi todo estudiante de TeI que haya accedido a la carrera por esta vía ha experimentado. Sin embargo, una vez en la carrera, el futuro egresado en esta materia no cuenta, de forma obligatoria, con asignaturas básicas, troncales o como las queramos llamar (para ser claros, las gordas, las chungas, las importantes) en donde traducción se conjugue con historia, literatura y cultura.

Digamos que este es un tema controvertido, ¿no les parece?

Es fundamental que el futuro egresado en TeI conozca de primera mano la unión entre traducción y humanidades, por más aplicaciones web que se traduzcan al día. Y, al igual que sucede con asignaturas de tanta importancia como son la traducción jurada o comercial, la traducción literaria, aunque sea en sus fundamentos teóricos e históricos, tendría que ser reivindicada en una carrera tan humanística como la de Traducción e Interpretación. No olvidemos que grandes escritores fueron y son también traductores: Javier Marías, Cortázar, Borges (del que María Consuelo escribió una entrada muy interesante), Guillermo Cabrera Infante, Emilia Pardo Bazán… Por citar algunos/as en nuestra querida lengua.

Por suerte, en ese sentido he de decir que gracias a asignaturas de la carrera de Humanidades, con profesores maravillosos hemos tenido la oportunidad de comentar traducciones, no solo de textos antiquísimos, sino también de la literatura más contemporánea, haciendo especial hincapié en la etimología de uno u otro término y el porqué de la elección de este o aquel vocablo, sinónimos, pero que podrían darle totalmente la vuelta al significado de un pasaje u obra en su totalidad.

Que conste que todo esto lo dice una exalumna que por un motivo u otro (solapamiento de horarios, demasiados créditos…) no cursó la optativa de traducción literaria, ¡y cuánto me arrepiento! Si bien no creo tener madera de escritora o poetisa, la traducción no es otra cosa sino creatividad e ingenio. Sí, ahora se preguntarán qué hay de mágico en traducir un manual de lavadoras o una partida de nacimiento, o la relación entre la belleza de esto a un soneto de Shakespeare. Son textos de naturalezas contrarias y que responden a necesidades diferentes, por lo que es imposible encontrar la misma musicalidad o emoción en todos los textos que comparten, en un momento dado, el ser tratados por la disciplina traductológica.

Mi objetivo aquí es reivindicar que la traducción es un arte en esencia humanístico, realidad que a lo largo de la carrera no veía tan claro, puede que por la naturaleza de las asignaturas de una y otra carrera (he caído en la comparación), el modo de impartirlas o incluso la oferta de TFG del grado en TeI, principalmente enfocada al comentario y análisis traductológico.

Y es que los doblegradistas a veces somos así. Nos tira mucho el espíritu crítico, el ir un poquito más allá de lo que está escrito o dicho, y esto es algo que no siempre se comprende y que, en consecuencia, a veces incomoda. Conocemos casos muy cercanos de compañeros a los que no se les ha valorado su TFG como se merecían por la incomprensión de un Tribunal que no ve un trabajo más allá de un mero análisis traductológico, y que deja de lado todo lo que rodea a una traducción, o a tutores que no estaban de acuerdo con que el alumno expresara su opinión más sincera o nuevas ideas extraídas de lecturas o de su trabajo mismo, aludiendo a que dichas valoraciones no contaban con ningún peso —alerta: no todos los Tribunales/tutores son así, ¡que no cunda el pánico!

Pero que conste que estos pequeños resbalones no nos intimidan y que por lo tanto no vamos a dejar de intransigir y de aplicar el sentido crítico, algo en los que tanto se insistió en Humanidades, y cuya aplicación se torna tan necesaria en traducción, como tantos otros fundamentos humanísticos.

Por este mismo motivo, si bien muchas veces escuchamos eso de que las humanidades complementan la traducción (seguramente por motivos económicos o salidas laborales de una y otra carrera) permítanme decir que ambas se retroalimentan desde sus orígenes, ya que una no se entiende sin la otra y los conocimientos de ambas no hacen sino facilitar la labor del profesional en dichas materias. Pero hoy más que nunca, en un momento en el que la traducción ha experimentado unos cambios increíbles (como tantas otras disciplinas) dada la revolución tecnológica y los nuevos productos que piden a gritos su adaptación, se torna fundamental que el futuro egresado en TeI tenga presente tanto los orígenes de su materia como la importancia del espíritu crítico a la hora de enfrentarse a su trabajo, así como la lucha por el reconocimiento de una labor que pasa desapercibida ante el gran público.

Traductores y traductoras, es el momento perfecto para humanizarse, en el sentido disciplinario de la palabra.

Tori.

Gif de giphy.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s