Sí, quiero (interpretar en tu boda)

Dar el «sí, quiero» es una de las decisiones más importantes en la vida (o eso dicen). Hoy os vamos a contar cómo nosotras (Heras y Alba) nos aventuramos a aceptar la proposición y respondimos al unísono: sí, quiero (interpretar en vuestra boda).

Todo ocurrió gracias a nuestros profesores de interpretación, que fueron quienes nos dijeron que buscaban intérpretes para una boda australiano-española. Pedían una pareja de intérpretes y nosotras no dudamos ni un instante en tirarnos a la piscina. Tomamos la iniciativa y solicitamos estos puestos de forma conjunta, presentándonos como un equipo profesional. Tras varios correos y pruebas de interpretación por vía telefónica nos enteramos de que éramos las afortunadas. Llegaba el momento de afrontar nuestra primera experiencia profesional en el mundo de la interpretación y comprobar si los tópicos en torno a este mundillo eran ciertos o no.

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Os explicamos el contexto en el que teníamos que trabajar. La novia (española) nos explicó que se iba a casar con su novio australiano y que nos quería para que la familia del novio y la española pudieran comunicarse en la boda celebrada en Sevilla. Tendríamos que interpretar dos días, uno durante un almuerzo informal en la Feria de Abril (en una caseta llena de farolillos y con sevillanas por música ambiente) y otro día en el convite de la boda. Nuestra tarea consistía principalmente en interpretar a los familiares y amigos de los novios entre sí, así como encargarnos de los diferentes discursos que se pronunciasen en el convite nupcial.

Antes del gran día llevamos a cabo una fase de preparación, en la que quedamos con la novia personalmente para aclarar dudas así como dejar establecidos los horarios, días y las condiciones de trabajo. Además, aprovechamos para informarnos de todos aquellos detalles que pudieran sernos de utilidad a la hora de interpretar un discurso o conversación: historias sobre la pareja, motes familiares, etc. De forma independiente preparamos glosarios con los términos que pudieran suponer algún problema de traducción (y así intentar solventar los problemas del directo).

Por supuesto, no todo fue idílico, (aquí ya estamos hablando del mundo real, nada de situaciones controladas en cabinas de interpretación en clase y encargos perfectamente delimitados). Se presentaron algunos contratiempos en forma, por ejemplo, de una llamada el día antes de la primera jornada de trabajo para que acudiésemos unas horas más e interpretar un tour turístico a la familia australiana. En este caso, aunque nuestra ética profesional nos decía que nos habían avisado con muy poca antelación, acudimos puesto que consideramos que la tarea no iba a suponer excesivo tiempo de preparación extra.

También nos insinuaron una propuesta laboral bastante alejada de la tarea de interpretación y más propia de una dama de honor o guardia de seguridad (aquí vamos a dejar volar vuestra imaginación), la cual no pudimos aceptar.

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Con situaciones de este estilo comprobamos que todas las historias que habíamos escuchado durante los años de preparación universitaria no eran solo mitos.

Por supuesto tuvimos que lidiar con el desconocimiento de nuestra profesión, aunque para esto estábamos más mentalizadas: repetimos pacientemente quiénes éramos, qué hacíamos allí y cómo funcionaba aquello de interpretar a alguien en otro idioma. Reconocemos que el uso de la primera persona al hablar el intérprete nos traía de cabeza y tuvimos que optar por usar la tercera persona en los casos en los que detectábamos dificultades lingüísticas. De nuevo se hacía tangible el contexto en el que nos movíamos: un contexto informal lleno de invitados comiendo y bebiendo en un ambiente festivo.

Las dificultades que encontramos a la hora de traducir chistes y palabras malsonantes con referencias a la cultura más andaluza o apodos cargados de significado para nosotras, conocedoras del dialecto andaluz, darían para una entrada completa… quizás algún día la escribamos.

Aquí van algunos consejos para despistados y novatos en la materia:

  • Vestimenta. Aunque estemos hablando de una boda, hay que recordar que un intérprete no asiste a la misma en calidad de invitado, así que el atuendo que elegimos fue sencillo: pantalones negros, chaqueta negra y camisa blanca. Para ambos días decidimos que sería una buena forma de diferenciarnos del resto sin sobresalir. La novia creyó oportuno que para el día en el Real de la Feria lleváramos una flor de flamenca en el pelo. No olvidéis usar un calzado cómodo, vais a estar muchas horas de pie, yendo de un lado para otro.

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  • Formalidad. No importa la edad del cliente ni del resto de personas con las que tengáis que comunicaros. Creemos que hay que mantener la profesionalidad y hacer uso del usted hasta que la persona en cuestión, si lo cree conveniente, indique que lo tutees.

  • El bloc de notas nos fue de utilidad para apuntar la información que considerábamos clave para no perder el hilo de unas conversaciones que en algunos momentos podían volverse un tanto caóticas y con muchos interlocutores.

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  • Ambiente. La gente en las bodas bebe y se “desmelena” pero vosotros debéis controlar la situación en todo momento. Esto incluye marcar los límites a aquellos invitados que se excedan en su trato con vosotros.

  • ¡Paciencia! Como apuntábamos anteriormente en esta entrada, habrá que repetir quién eres miles de veces, normalmente la gente no sabe cuál es nuestra función o cómo trabajamos. Y en más de una ocasión os hablarán veinte personas a la vez.

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  • La boda a la que asistimos fue una boda preciosa, tipo cóctel en unos jardines maravillosos con carpas y vegetación. Pero no os engañéis, su función no es la de decorar, sino servir de escondite a las intérpretes y así poder comer. Una profesora ya nos aconsejó que si nos veíamos sobrepasadas en algún momento no dudásemos en tomarnos un momento para nosotras y alejarnos de la acción para poder comer. Pensábamos que exageraba, qué inocentes…

  • Humildad. Antes del evento decidimos pedir consejo a nuestros profesores de interpretación. Siempre es una buena idea consultar a aquellos que saben más que nosotros, solo así conocerás los trucos para sobrevivir en esta profesión.

    Con todo, podemos afirmar con rotundidad que fue una gran experiencia para nosotras y supuso el primer contacto directo con la interpretación en un entorno real. La ausencia de profesores observando cada palabra que decías junto con el ambiente relajado rebajaron notablemente la presión que con anterioridad nos infundía interpretar. Al comprobar cómo era en la práctica real nos pareció incluso divertido. Pero bueno, esperemos que esto sea el comienzo de una larga profesión…

    Contadnos, ¿alguna vez habéis pasado por una experiencia parecida?

    ¡Hasta la próxima!

    Alba y Heras

(Todos los gifs son de Giphy)

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